Potosí Bolivia
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EXPOSICIÓN "IMÁGENES DE POTOSÍ"   

 

MUSEO DE AMÉRICA 1996

MUSEO DE CÁDIZ 1997

"POTOSÍ CIUDAD IMPERIAL Y MINERA"

 

Fotografías:  MANUEL MÉNDEZ GUERRERO

 

Organizan: 

- Museo de América

- Embajada de Bolivia en España

Patrocinan:

- ICI Instituto de Cooperación Iberoamericana

- DINASA Laboratorio Fototécnico de color

Colaboran:

- CEHOPU Centro de Estudios Históricos de Obras Públicas y Urbanismo

- Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas

 

"Quien no ha visto Potosí, no ha visto las Indias. Es la riqueza del mundo, terror del Turco, freno de los enemigos de la fe y del nombre de los españoles, asombro de los herejes, silencio de las bárbaras naciones. Todos estos epítetos le convienen. Con la riqueza que ha salido de Potosí, Italia, Francia, Flandes y Alemania son ricas y hasta el Turco tiene en su tesoro barras de Potosí,..."  Dominico Fray Reginaldo de Lizárraga (1570)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Por la dicha mina es Castilla, Roma es Roma, el Papa es Papa y el Rey es monarca del mundo...” Felipe Guamán Poma de Ayala. “Nueva Crónica y buen gobierno” (1612)

Conferencia: “POTOSÍ, CIUDAD IMPERIAL Y MINERA” MUSEO DE AMÉRICA

CICLO “CIUDADES CON HISTORIA: IMAGEN Y PALABRA” Breve aproximación histórica

El nombre de Potosí[1] evoca un pasado legendario de riqueza y poder. La historia de la ciudad minera empieza el 20 de abril  de 1545 con el hallazgo casual de una veta de plata por el indígena Huallca. El capitán español Juan de Villarroel registra oficialmente la primera veta con el nombre de “La Descubridora de Centeno” (en honor a su compañero Diego de Centeno) e inician su explotación. La noticia se propaga rápidamente y las faldas del cerro se pueblan de aventureros. El cronista Vela  nos comenta que ocho meses después, en un improvisado caserío o asiento minero "... habían más de 170 españoles y 3000 indios".

La vida difícil a 4.060 m de altura (la cumbre del cerro está a 4.890 msnm) en un entorno hostil, páramo inhabitado y carente de vegetación, no impide que crezca la ciudad minera y que en 1546, Carlos V le otorgue el título de Villa Imperial, concediéndole la divisa: Soy el rico Potosí, del mundo soy el tesoro, el rey de todos los montes y la envidia de los reyes”, y con un escudo de armas en el que figura el cerro, las columnas del Plus Ultra y la corona imperial.

En 1572 el Virrey Toledo visita la ciudad y dicta las regulaciones para su crecimiento ordenado, conforme a la traza de damero de las fundaciones del Nuevo Mundo, asimismo ordena que los molinos de mineral y amalgamación (llegaron a construirse más de 100 ingenios) se concentren a orillas del Canal de la Ribera, un río artificial que cruza la ciudad (y la parte en dos) y al que van a parar el agua procedente de la impresionante sierra de Cari- Cari (se construyeron más de veinte embalses o presas) y cuyas altas cumbres alcanzan los 5.000 metros de altitud.  Potosí con estas impresionantes obras creó el mayor complejo hidráulico de América para usos industriales.

En uno de sus márgenes, el situado al pie del cerro, se agrupan los barrios indígenas en catorce parroquias. La vida de la ciudad, condicionada por la actividad minera, concentra una elevada población indígena sujeta al trabajo forzoso que determina la implantación de la mita y que es establecida desde 1573 por el Virrey Toledo, por el que obligatoriamente y de forma rotatoria, los habitantes de catorce provincias de la región Cuzco, Titicaca, Charcas y Potosí participan en la extracción del mineral y su transformación en los ingenios y molinos. Estos indígenas se agrupan según su procedencia (en “rancherías” míseras construcciones de piedra amontonada -pircada-, de estructura redonda y techos de paja). Los Lupacas se sitúan en torno a la parroquia de San Martín, los Carangas en San Lorenzo y los Pacajes en la parroquia de San Pedro. Al otro lado se establecen los españoles, criollos y mestizos, y los numerosos negros que trabajan a su servicio, así como los numerosos extranjeros llegados desde diferentes puntos del mundo.

El censo dispuesto por el Virrey Toledo en 1573, llega a la cifra asombrosa de 100.000 habitantes, el 90% de ellos indígenas, lo que convierte a Potosí en la ciudad más poblada de todo el continente americano (Madrid, tenía unos 25.000 vecinos); en 1611 un nuevo censo da cifras de 116.000 personas, de las cuales 65.000 eran indios, 4.000 forasteros de España, 3.000 españoles nacidos en Potosí, 35.000 criollos y 6.000 negros y mulatos. En 1650 la cifra es de 160.000 habitantes (Londres: 100.000; París: 80.000 y Sevilla: 45.000 habitantes).

La producción del Cerro Rico asombra al mundo entero, en 1548 se hace el primer envío a España de 7771 barras de plata. Pero esta sociedad que vive en la opulencia y en el riesgo, en la fe más exaltada y en la aventura diaria de la riqueza y del poder, fue capaz al mismo tiempo de rendir apasionado culto a la belleza y a la monumentalidad de las formas arquitectónicas. Así surgieron una serie impresionante de construcciones religiosas (más de 30 iglesias) en un conjunto urbano que adquirió perfil de ciudad castellana, con un personal sello creativo indigenista, de calles tortuosas y casonas señoriales y burguesas, todo ello en medio de un paisaje austero, enmarcado por ásperas serranías.

En las iglesias de Potosí se pueden estudiar los capítulos más interesantes de la historia artística hispanoamericana: San Francisco, Santo Domingo, San Agustín, Copacabana, La Merced, Santa Teresa y  La Compañía entre otras, son edificaciones que ofrecen notable interés en su origen, en sus detalles constructivos y en su ornamentación. Las edificaciones civiles de Potosí, muy numerosas, ofrecen también un gran interés, destacando entre estas la Casa de Moneda, que por la severidad de sus líneas y por el clasicismo de su estructura se le compara con El Escorial.

UNESCO en 1987 por sus valores excepcionales y universales declara a Potosí y su cerro, Patrimonio Natural y Cultural de la Humanidad.

Bibliografía:

- Lucas Jaimes, Julio. “La Villa Imperial de Potosí”. Empresa editora “Universo”. Bolivia. 1975.

- “Obras Hidraúlicas en América Colonial”. CEHOPU. Centro de Estudios Históricos de Obras Públicas y Urbanismo. Madrid, 1993.

- “Casa de Moneda”. Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia. 1998.

- Vázquez Machicado, Humberto. DE MESA, José y GISBERT, Teresa. “Manual de Historia de Bolivia”. Gisbert y Cia S.A., La Paz 1983.  


[1] El Inca Huayna Cápac  (1493-1525) encontrándose de paso desde el Cuzco a la región de Colque Porco, vio al cerro y admirado de su grandeza, intenso color rojizo y forma exclamó: Sumaj Orcko, que quiere decir: hermoso cerro.  Ordenó a sus vasallos que vinieran de Colque Porco a labrar sus minas, pero cuando éstos intentaron realizar dichas labores, escucharon un “potocsi” o espantoso ruido que brotaba de las entrañas del cerro, espantados los indios detuvieron su intento.